¿Puede la cultura de un país interferir o promover su avance hacia el progreso? Primero, entendamos qué queremos decir por Cultura.
¿Qué entendemos por cultura?
Cultura e Instituciones
La cultura de un país es su "personalidad colectiva". Es el reflejo de lo que sus habitantes valoran; de lo que creen que es bueno, justo o correcto; de las actitudes que tienen unos hacia otros; de las leyes y normas aceptadas por todos; y de las instituciones creadas para regular y aplicar estas leyes y normas.
Son las formas básicas de actividad social que regulan y ordenan el comportamiento de un grupo.
Se basan en reglas informales (sanciones, tabúes, costumbres, tradiciones y códigos de conducta),
y reglas formales (constituciones, leyes, derechos de propiedad).
Es cómo una persona elige reaccionar y
comportarse ante una situación. Es un
acto consciente basado en nuestras
creencias, valores, entorno y
experiencias.
Es la forma en la que se comporta una
persona en respuesta a normas y
estímulos.
Son los criterios en base a los cuales
elegimos y tomamos decisiones.
Cultura y Desarrollo
Las creencias culturales de una sociedad condicionan su capacidad
para generar bienestar y progreso.
Es importante, pero no es suficiente modificar leyes e instituciones para que el país se desarrolle.
Es fundamental comprender y trabajar con las creencias y actitudes de los ciudadanos, para así facilitar el camino del país hacia el desarrollo económico, calidad de vida, igualdad de acceso a oportunidades, Estado de derecho y libertad.
La confianza es la base de un tejido social fuerte. Si no confiamos en otros, no estaremos
dispuestos a cumplir normas, respetar el Estado de derecho y aceptar las reglas que
regulen nuestra actividad social, económica y política.
La confianza entre ciudadanos y la existencia de instituciones formales y eficientes, que
faciliten y promuevan la actividad económica, son importantes para el desarrollo.
La confianza es la base para que a través de colaboración, creatividad, respeto a las normas
y esfuerzo, se genere mayor prosperidad.
En el largo plazo, la democracia no se alcanza automáticamente haciendo reformas institucionales. Su existencia también depende de los valores y creencias de sus ciudadanos. La confianza es esencial para construir las estructuras sociales de las que surge un país democrático y justo.
